Díaz de Guereñu: “El futuro del cómic es tan dudoso como el de cualquier otro arte”

 

Hemos abierto la caja de Pandora. Nadie se lo habría imaginado pero, así es: hemos descubierto que Juan Manuel Díaz de Guereñu Ruiz de Azúa, vamos, nuestro Guereñu de toda la vida, es un gran aficionado a los cómics. Sí, nosotros también nos hemos sorprendido. Por eso, no hemos querido perder esta oportunidad para darnos “más sabiduría al cuerpo” y, como no,  nos hemos acercado a su despacho para que, todos nosotros, (sí, tú también),  podamos conocer más acerca de este gran desconocido (no Guereñu, pillín): El cómic.

¿Qué tiene que tener un cómic para que resulte de interés?

Todo depende del tipo de público y de sus intereses. La “época dorada” del cómic básicamente es la época en la que el cómic era un medio de masas.  Se vendían mucho.

El cómic, tal y como lo conocemos surge como una herramienta comercial de los periódicos. Los dibujos ayudaban a vender periódicos. Servía de gancho para los lectores. Su lenguaje estaba al alcance de todo el mundo, sus historias eran para todos los públicos. Esto sucedía a comienzos del siglo XX. Se desarrolla al mismo tiempo que la técnica de impresión en color, cuando comienzan a publicarse suplementos a color. Es ahí donde comienzan a aparecer las piezas más populares y más al gusto del lector. Se desarrolla como un medio de comunicación de masas y, como todos los medios de comunicación de masas, se produce aquello que se vaya a vender: historias de amor, de guerra, de aventuras… todos los géneros tradicionales que vienen de la literatura popular.

Ahora el cómic como medio de masas se ha acabado. Quizá perdura todavía en Japón, donde han conseguido conjugarlo muy bien con el cine de animación y con los videojuegos. ­­­Pero ya no tiene la capacidad de venta que tenía hace unos años. Y muchos de los que hacen cómics, hacen cómics porque tienen ganas de contar algo; no como medio de vida o sólo muy excepcionalmente como medio de vida, sino como medio de contar algo. Podríamos ponerlo en paralelo con el cine de autor minoritario, de arte y ensayo. Eso es lo más parecido al cómic que se produce ahora para un público más exigente, menos popular. Lo denominamos “novela gráfica”, porque es muy distinto al cómic comercial: es más experimental, toca temas más conflictivos, desarrolla formas narrativas más complejas, menos evidentes.

¿Qué es lo que tiene que tener un cómic comercial? Lo que le interesa a su lector. Y hay muchos tipos de lectores diferentes y cada uno tiene su propio gusto. Normalmente al cómic comercial se le pide una forma sencilla de lectura, que cuente una historia con héroes con los que los lectores se puedan identificar y, sobre todo, que sea en serie para que pueda enganchar a su público.

¿Qué es lo que pide el público de una novela gráfica? Que cuente algo que le interese, le preocupe y que lo cuente con cierta originalidad.

Entiendo que se utilicen los dos conceptos con diferentes matices.

Sin embargo, al cómic se le atribuye un público infantil.

Claro. Al principio comenzó siendo un lenguaje para el público en general, para quienes consumían periódicos, que eran el medio de difusión más popular que existió durante la primera mitad del siglo XX. A partir de ese lenguaje para uso de todos se desarrolló un material concreto dirigido al público infantil, publicado en cuadernillos baratos que podía comprarse cualquier niño con la paga del domingo: lo que nosotros conocemos por tebeos. Ese cómic dirigido a ese público es el que más ha perdurado en el tiempo como fenómeno comercial. Cuando los periódicos dejaron de prestar atención al cómic por la competencia de la televisión, todavía se seguían produciendo este tipo de cómics para el público infantil. De ahí la idea de que los cómics sean para niños.

Esto deja un resto de valoraciones negativas. En castellano, cuando decimos que algo es de tebeo significa que es una “chorradita”, se entiende que  para un público con pocos alcances. Pero lo cierto es que ahora está siendo producido para un público que no es mayoritariamente infantil, porque los niños no consumen historietas como hace 50 años.

¿Qué cómics actuales podríamos encontrar de referencia?

Una vez al mes hay una tertulia sobre cómics en la casa de cultura de Intxaurrondo que me encargaron dirigir. Hice una selección de nueve títulos (nos enseña un folleto de dicha tertulia). Entre ellos, por ejemplo, en cómic español, uno de los autores fundamentales es Paco Roca con “Los surcos del azar”,  la penúltima obra que publicó. Pero más que esta obra, tiene otra que define el cómic de autor: “Arrugas”.

12

 

“Arrugas” es una obra muy característica del cómic para adultos, que habla de algo que tendría que ser aburrido: unos ancianos que residen en una residencia, y que cuenta el proceso de degradación física de uno de ellos.

En el terreno del cómic internacional, me quedaría con la obra de Joe Sacco, en concreto con “Notas al pie de Gaza”.
3

Joe Sacco hace lo que podríamos llamar reportajes periodísticos en forma de cómics. Tratan sobre zonas en conflicto: Palestina, los Balcanes durante la guerra… Y esta obra es la reconstitución, a través de testimonios, de una matanza de palestinos que tuvo lugar en Gaza, en 1956. Se titula así porque es algo que sólo aparece en los libros de historia como nota al pie de página. Intenta reconstruir lo que pasó aquel día a través de lo que cuentan aquellos que vivieron el suceso. Es, por un lado, muy intenso y fuerte emocionalmente y, por otro lado, muy convincente, desde el punto de vista de la eficacia del mensaje.

En cuanto a la eficacia del mensaje, en qué se debería fijar más una persona ¿en el dibujo o en el mensaje escrito?

El dibujo es muy importante porque engatusa visualmente. Es decir, una película puede ser visualmente muy atractiva y puede servir para contar mejor la historia. En el cómic pasa exactamente lo mismo: hay dibujantes que tienen el talento para hacer atractivas visualmente las escenas concretas que están dibujando y para que también sean eficaces desde el punto de vista narrativo. Te convencen de que lo que se cuenta, se cuenta de esa manera, porque no hay otra manera de hacerlo.

Lo más que se le puede pedir a un relato es que parezca evidente. Que esté contado como tenía que estar contado,  que no haya ninguna discusión respecto a eso. Si un autor consigue eso, seguro que consigue atrapar al lector y llevarle a donde quiere. El dibujo es muy importante, pero tiene que ser, siempre, una herramienta al servicio de lo que se quiere contar y desarrollar. Hay dibujantes muy perfeccionistas y capaces que resultan agobiantes porque no están al servicio de la historia.

Sin embargo, no cabe duda que cuando un dibujo está bien dibujado, incita a meterte en la historia, al igual que una película llamativa. Al fin y al cabo, el diálogo, las imágenes y el texto narrativo son ingredientes que tienen que funcionar en su conjunto; si no, mal asunto.

Muchas veces se ha visto al género femenino apartado del mundo del cómic. Parece que los contenidos han ido dirigidos a un sector masculino.

Así es en el cómic comercial, sin duda. Excepto en el cómic japonés que, al tener un mercado muy sectorizado, tiene una producción bastante amplia dirigida al público femenino.

Este año ha habido un “follón” en Angulema, Francia, donde se celebra todos los años un festival de cómic, el más importante a nivel europeo. Suelen dar un premio a un autor al que distinguen. Este año, resulta que la organización presentaba 30 nombres de candidatos y entre ellos no había ninguno femenino. Hubo bastante escándalo porque, muchos autores de los que estaban nominados dijeron que los borraran del listado por este hecho. Al final, optaron por suprimir la lista y dejar la votación totalmente abierta (ríe).

4

 

 

De todas formas, pasa en todas las artes, en todos los ámbitos de expresión artística, de producción industrial o de conocimiento. Las mujeres tienen una situación minorizada y marginal. Bien es cierto que desde que el cómic no es un producto de masas y funciona la lógica de autor, en la que uno escribe y dibuja lo que le apetece, hay muchas autoras notables. Por ejemplo, Alison Bechdel, tiene una obra que se titula “Fun Home” donde cuenta su propia historia y la relación con su padre que muere en un accidente muy extraño, en opinión de ella por ser homosexual no declarado. Es una historia muy dramática, un proceso en el que ella va madurando y descubriendo su propia homosexualidad. Es una obra intensa, con drama, contada con mucha inteligencia y con mucho sentido del humor. ¡Joe! (se queja). Cuando nos encontramos con autoras de este calibre, ya no puedes decir que el cómic es un medio masculino.

¿Dónde está el límite del entretenimiento y la seriedad en un cómic?

Puede haber cómics cómicos, es decir, que estén desarrollados como una comedia aunque traten temas serios. ¿Dónde están las fronteras? El autor utiliza las herramientas expresivas del medio para decir lo que quiere decir. A veces querrá contar un chiste… si tiene gracia y es interesante, pues vale. ¿Por qué no? A lo mejor sólo quiere contar una historia entretenida de un personaje que se mete en un follón o que comete una heroicidad. Perfecto. Todo depende de la lógica narrativa. No tienen por qué ser siempre transcendentales y serios.

Muchas veces el cómic se utiliza para hacer sátiras. ¿Qué opinión te merece que se utilice el cómic para ese tipo de fines?

La sátira siempre ha sido un ingrediente de la historia del cómic. Cuando se utilizaba en los orígenes del medio como gancho comercial de la prensa, se utilizaba muchas veces con intenciones satíricas. Lo típico: políticos del momento en caricaturas y en situaciones ridículas. Que el mismo nombre del medio sea cómic quiere decir que, lo que predominaba en su origen era el ingrediente cómico o de sátira. Eso ha perdurado en lo que se conoce como sátira política, como la de la revista El Jueves. Son maneras de reflexionar sobre la realidad o tomársela un poco a cachondeo. Yo, como lector, leo las viñetas del Roto y me gustan. Probablemente no compraría un libro de chistes de Forges, pero veo que cumple un papel y que es significativo. Desde luego hay autores que tienen un talento para la sátira tremendo.

5

No creo que la sátira desvalorice al cómic. Hay sátira de mal gusto, porque la sátira no tiene la obligación de tener gusto, y hay sátira eficaz y convincente. La crítica al poder, a las ideologías y a las posturas dominantes, si se hace mediante dibujos, probablemente funcione mejor. No soy consumidor de revistas de sátira, pero me gusta leer, de vez en cuando, un chiste sobre una situación política y ver que tiene ingenio y gracia. No me parece que eso sea negativo.

Entonces, ¿cuáles dirías que son las claves para hacer un buen cómic?

Tener una buena historia, tener capacidad para presentar esa historia mediante imágenes y palabras, que son las herramientas básicas del medio. Hacer un buen cómic es, con los recursos propios del medio, decir aquello que quieres decir. ¿En qué consiste eso? No tengo ni idea. Creo que, con el tiempo, leyendo y releyendo, llegas a distinguir una obra que funciona de otra que no.

Pero, ¿cómo se consigue una obra que funciona?

Teniendo talento y siendo muy bueno en lo tuyo. No hay recetas. Hace unos años, la red de bibliotecas de San Sebastián publicó un catálogo de autores de cómic vascos. En la presentación ante la prensa un periodista preguntó: “¿Ahora se puede decir que el cómic es un arte?”. Yo le contesté que no. El cómic es un lenguaje y, con ese lenguaje se pueden hacer obras de arte o no. ¿Se puede conseguir una obra de arte mediante dibujos y palabras al igual que con palabras solas? Yo creo que sí. De hecho hay obras de arte que lo demuestran.

¿Cómo es el futuro del cómic? ¿Hacia dónde está evolucionando?

El futuro del cómic es tan dudoso como el de cualquier otro arte. Muy inseguro (ríe). No sé yo si se puede contar con que perdure o no. ¿La novela va a perdurar? Yo deseo y espero que sí porque siempre va a haber gente que quiera leer buenas historias. Pero ¿querrán leerlas en formato cómic o querrán que se las cuente una voz desde su iPad? No lo sé. ¿Hacia dónde vamos? El cómic, desde luego, no volverá a ser un medio de masas. Cualquier producto impreso ya no tiene la capacidad de ganarle la partida a los audiovisuales electrónicos. A mí, la verdad es que leer cómics en pantalla me resulta incomodísimo y frustrante. Porque en un cómic a menudo no se lee sólo la viñeta, sino el conjunto de la página: cómo está organizada. Si eso no se puede ver, te pierdes mucho de la experiencia de lectura.

El futuro tecnológico ya no pasa por esas herramientas de impresión y encuadernación. Pero eso no quita para que siga habiendo un público ansioso de consumir buenas historias en papel, sean escritas o dibujadas. Esto seguirá así durante unas décadas. No sé si en el siglo XXIII todavía el cómic existirá. Yo quiero suponer que sí. Mientras dure lo que yo dure (ríe) …

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *