La tamborrada de Deusto recorre la ciudad por primera vez


Objetivo cumplido. Alegría, orgullo y satisfacción era lo que se sentía en cada uno de los redobles de los veinte tambores y cuarenta barriles que componían la primera tamborrada de la Universidad de Deusto. Si durante el periodo lectivo, ya nos sorprende las buenas caras que muestran los profesores a primera hora de la mañana, alucinaríais al ver la cara de tremenda ilusión con que los valientes que han querido formar parte en la primera tamborrada de la uni afrontaban este día tan esperado.

Carolina Kutz, tambor mayor, y Anaïs Iglesias, cabo de barriles, no se lo creían. Lo que empezó como una idea de Carol “con el furor de la tamborrada del año pasado” se había convertido en realidad, no sin buenas dosis de esfuerzo: “son muchas cosas a la vez, de las que no eres consciente hasta que empiezas”, comenta Anaïs iglesias.

Ocho de la mañana. ¡Vaya horita! “Al principio queríamos salir de noche, pero no había manera de hacer el recorrido sin toparte con otra tamborrada”, confiesa Anaïs. Así que sí, tocaba madrugar. Pero como apunta Carolina: “El salir en ese horario te permite disfrutar del día entero, aunque se debe acortar la noche”.  Pero ahí estaban todos formales, reunidos en el Innogune. Ellos nerviosos. Nosotros, no vamos a engañarnos, observando el diseño de los trajes de la tamborrada, como si de la New York Fashion Week se tratara. Las aguadoras iban estupendas, con su chaquetita azul y su falda de cuadros hasta el tobillo. Y los cocineros, con un logotipo de la universidad bien grandote en el pecho y un pañuelo azul. Que se note que somos de Deusto, leches. Y no, no hay soldados: “Todavía no, tampoco tenemos la figura del gastador o de la cantinera”, nos explica Carolina. “La idea era arrancar en pequeñito, con algo manejable e ir completando”, completa Anaïs.

Madrugon_tamborrada_2016
Nervios instantes antes de que suene la primera Marcha de San Sebastián

Con gran solemnidad y puntualidad inglesa, arrancaron con la primera Marcha de San Sebastián, que emocionaba a más de uno, mientras en lo alto del campanario era izada la bandera de Donosti por parte del Rector José María Guibert. Pasado ese momento, marchando que es gerundio, la ciudad les esperaba.

La animosidad del grupo no decayó en ningún instante, ni una muestra de cansancio a lo largo del recorrido y eso que éste no es precisamente corto.   Se recorren casi todo el centro de la ciudad: “Nuestra ilusión era salir por el centro porque la universidad está ubicada en un sitio intermedio”, nos confiesa Carol.

Durante el recorrido realizan diferentes paradas en puntos clave. La primera fue en la Plaza Bilbao, para entonces ya no había nervios: “Los hemos dejado en la universidad”. Ayudaba lo de empezar a “echar mano del bote” y la hidratación con agua con misterio.

Quizás, el momento más especial del día llegó con la entrada en la iglesia jesuita. Muestra la seriedad del momento el hecho de que las botellas de cava, que ya se paseaban de mano a mano, quedaron fuera, a la buena de Dios.

Dentro sonó la marcha de San Ignacio en honor al fundador de la Compañía de Jesús. Para muchos una forma muy bonita de honrar “al campus y la Iglesia”. Durante el acto, el Vicerrector José Antonio Rodríguez Ranz hizo la ofrenda del tambor lo que resultó ser un momento muy emotivo para todos los allí congregados.

Momento de la ofrenda a San Ignacio por parte del Vicerrector
Momento de la ofrenda del tambor a San Ignacio por parte del Vicerrector

Tras este momento eclesiástico donde al salir pudimos ver algunas lágrimas, que al parecer tampoco querían perderse el momento, la tamborrada siguió adelante poniendo ritmo, música y, sobretodo, buen humor a las calles de la ciudad.  Mientras nosotros ya esperábamos ansiados sentarnos para reponer energía, ellos seguían incansables al son de los tambores tocando, bailando y riendo.

Una de las anécdotas más divertidas de la jornada, fue cuando Carol, tambor mayor,  cedió su sitio a su homólogo del Colegio Alemán. A todo esto, ella bromeaba con los participantes de la tamborrada infantil que gritaban a pleno pulmón acompañándose de los tambores:  “Deutsche Schule”.

Los txikis vienen pegando fuerte, nunca mejor dicho
Los txikis vienen pegando fuerte, nunca mejor dicho

 

Se notaba que se acercaba el mediodía, y la primera tamborrada de la uni tenía cada vez más espectadores. Gente que transitaba por la calle; profesores y profesoras, no tan animadas, que no quería perderse a su compis, alumnos y exalumnos tocando; niños y niñas que se unían con sus pequeños tambores, familiares. Hasta Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, que, al parecer, tampoco quería perderse nuestros estreno.

La tamborrada iba llegando a su fin, pero, ya sea por esos cubatas mañaneros, las pastas, a los que algunos les faltó tiempo para echar mano, o las botellas de cava, que regaban cada parada, la tropa seguía dando guerra.

Todo lo bueno se acaba...
Todo lo bueno se acaba…

La última parada fue en el tablado de Reyes Católicos. Anaïs, Carol y una emocionada abanderaba, María, junto a los valientes músicos que estaban de gaupasa, tomaron sus puestos en el escenario y dieron sus órdenes desde lo alto. Sonaban por última vez los sones de Sarriegui. Las clásicas, que era el primer año: “Era una manera de arrancar, porque hay gente de todos lados”, comenta Carolina. ¡Hasta de Bilbao! “Están emocionadísimos, han venido fielmente a los ensayos, han hecho los deberes de conocer las melodías y la verdad que lo tocan con la solemnidad requerida”.

Objetivo de “reunir a profesores, administrativos y servicios de Deusto en un ambiente más informal”, más que cumplido. ¡Chinchín!

Que el próximo año nos volvamos a ver
Que el próximo año nos volvamos a ver

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