“Buena gente” y “fieles a los macarrones”: así nos ven en la cafe

Maite, Mari Carmen y Alicia, forman un equipazo. Son el grupo de camareras de la cafe y resultan a cuál más salada.  A ellas se les ha unido recientemente un nuevo fichaje, Iñigo Rodríguez, quien nos sirve un par de King Sizes, que falta nos hacen después de tanto examen. Como el resto del equipo el chico es simpático como él solo, debe ser un criterio de selección: “Soy muy sociable, no sé si se nota”. Se nota. Se os nota. Porque como dice el benjamín: el equipo está formado por “gente maja y dispuesta a ayudar”.  Y encima profesionales: “Llevo como siete años en hostelería, pero valoro que no sé todavía tanto como las camareras de aquí”.

Es de alabar la capacidad de las chicas de, pese a estar por momentos muy agobiadas, ponernos siempre buena cara. La temida hora punta se produce de “doce a dos”. Pero lo peor llega durante la época de exámenes, cuando la cafetería se convierte en una especie de jungla en la que sólo existe la Ley del más fuerte. Es el momento en el que la cafeína corre desatada por las venas de los alumnos. Seres normalmente “muy pacientes, buena gente y simpáticos”.

Los viernes al mediodía, en cambio, reina la calma: “Yo lo entiendo, si fuera estudiante, también me iría a casa y pasaría de ver a nadie”, bromea Iñigo.  Ese día, al igual que el resto de días laborables, nos traen por la mañana los alimentos y cantidades necesarias para hacerlas, posteriormente, en la cocina de la Universidad”, explica Mari Carmen. Los cocineros de Sodexo se ponen tras los fogones desde las siete de la mañana para preparar las abundantes cantidades de comida que, a la una sirven.

Las estrellas del menú: “sobre todo, las patatas fritas y los macarrones”, dicen todas al unísono. Maite apunta que los que más complicado lo tienen son los vegetarianos o veganos, ya que tienen una opción más limitada que los tres primeros platos y los siguientes dos segundos platos que suelen ofrecer al resto. Sodexo, apuntan, crea sus menús a gusto de la mayoría (sorprendiéndonos, de vez en cuando, con algún falafel). Cuestión de viabilidad, insisten.

Y hablando de dinero, ¿para cuándo podremos los estudiantes disfrutar como los trabajadores de descuentos en el menú la uni? Por ahora, no. Alicia y Mari Carmen nos explican, con cierta sorna, que sólo se aplican a los trabajadores y los profesores. En este sentido, Iñigo afirma que “Si sales del entorno de aquí, los precios son muy elevados. Vas a la Parte Vieja y a ver quién te pone un menú por cinco euros. Comparado con eso, este menú me parece bastante barato”.

Ya que de descuentos no, por el momento podemos disfrutar de la reforma realizada en la cafetería. Lo que conocemos en la actualidad como un sitio moderno, con su fondo blanco y sus mesas bien organizadas, era, según las camareras, un “lugar muy oscuro” que era llevado por una familia. “Agradecemos muchísimo el cambio”. “Antes [explica Maite] atendía a los estudiantes una familia. La mayor parte de la cafetería era la cocina. Los estudiantes teníais que comer en la parte de abajo. Tenía una estética muy religiosa”.   Tras la obra, pudieron comenzar a prepararse las comidas en la misma universidad, dándonos los buenos días por las mañanas con bollería recién horneada (alimento de los dioses).

Las amadas napolitanas de Deusto
Las amadas napolitanas de Deusto. ¡Qué pintón!

Está claro que estas trabajadoras son unas cracks y tienen, aunque lo nieguen, superpoderes. Desde aquí, les damos muchas gracias por cuidarnos como lo hacen.

 

 

 

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